—Ni siquiera puede imaginar que sea tuya.
—No.
—Para ella, una mujer con un vestido de oferta no puede ser propietaria de esto.
Norma puso una mano sobre mi brazo.
—No dejes que esta noche se convierta en ellos.
Tenía razón.
Puse mi teléfono en silencio.
Durante el postre llegó otro mensaje de Carla.
«¿Por qué nunca nos dijiste que tenías dinero?»
Lo miré fijamente.
No: «¿Por qué no confiabas en nosotros?»
No: «¿Te hicimos daño?»
Sino: «¿Por qué nunca nos dijiste que tenías dinero?»
Dejé el teléfono boca abajo.
A las once y media llamó el teléfono de la hermana de Carla.
—¿Hola?
—¿Abuela?
—¿Gabriel?
—Sí.
—¿Estás usando el teléfono de tu tía Sofía?
—Sí.
Hubo un silencio.
—Te extraño.
—Yo también.
—Vi la foto.
—¿La viste?
—¿Esa es tu casa?
—Sí.
—Papá está enfadado.
—Y mamá está llorando.
—Siento que estés pasando por todo esto.
—Dicen que mentiste.
—Nunca mentí.
—¿No viniste porque estás enfadada conmigo?
Casi se me quebró la voz.
—Gabriel, escúchame. Nunca. Tú no hiciste nada malo.
—Quería que estuvieras en la cena.
—Lo sé.
—¿Puedo ir mañana?
—Mi puerta siempre está abierta para ti.
La voz de Carla sonó de fondo.
—Gabriel, dame el teléfono.
—Estoy hablando con la abuela.
—Ahora.
La llamada terminó.
Olivia me miró.
—No deberían meterlo en esto.
—No lo harán.
—Podrías hacer infeliz a Hugo con ese niño.
—Lo sé.
—Pero no lo haces.
—No.
Miré la fotografía de Armando.
—Nunca usaré a mi nieto para castigar a sus padres.
A medianoche todos me abrazaron y se despidieron.
Cuando el último coche se fue, me quedé sola en la terraza.
Por primera vez en años, no sentí que tuviera que defender mi lugar dentro de una familia.
Simplemente estaba allí.
La mañana de Navidad llamó Hugo.
—Tenemos que hablar.
—Estoy de acuerdo.
—Mándame la dirección.
—Los recibiré a la una.
—Queremos ir ahora.
—A la una, Hugo.
Llegaron doce minutos antes.
Hugo llevaba la misma camisa de la noche anterior. Carla llevaba unas gafas de sol grandes y miraba la villa como si estuviera viendo un anuncio inmobiliario.
Exactamente a la una abrí la puerta.
—Entren.
Hugo se quedó junto al árbol de Navidad cuando vio la fotografía de Armando.