Alles im Namen von Valeria Montes Castillo.
Andrés dejó de respirar por un segundo.
—¿Montes?
La puerta se abrió antes de que pudiera contestar. Entró el licenciado Barragán, abogado de mi familia, con 2 elementos de seguridad del hotel. Detrás apareció mi tío Gerardo Montes, el hombre que me crió después de la muerte de mis padres.
Cuando me vio con el vestido sucio, el celular temblando y la cara deshecha, su expresión se quebró.
—Mi niña…
Corrí a sus brazos.
Pero Andrés, desde la suite, gritó una frase que hizo que todos se quedaran inmóviles:
“Frag Gerardo, warum Valeria nie wusste, was ihre Großmutter verborgen gelassen hat!”
Ich konnte nicht glauben, was gleich passieren würde…
Wenn du an Valerias Stell gewesen wärst, hättest du Andrés noch in derselben Nacht zur Rede gestellt oder so getan, als wüsstest du nichts, um herauszufinden, wie weit die
—Tu abuela Amalia creó un fideicomiso para proteger a mujeres víctimas de abuso económico y despojo familiar. También dejó acciones de la constructora a tu nombre. Yo debía entregártelas cuando cumplieras 30 años o cuando te casaras bajo separación de bienes.
—Yo me casé hoy.
—Por eso estaban desesperados —dijo Barragán—. Alguien filtró la información.
Ivonne dio un paso al frente.
—Yo no sabía todo.
Rebeca la fulminó con la mirada.
—Cállate.
—No —dijo Ivonne—. Ya no.
Dejó la bolsa negra sobre la mesa. Dentro había una laptop, una memoria USB y varias hojas dobladas.
—Andrés guardaba llamadas, mensajes, fotos y documentos. Decía que era por seguridad. Pero ayer escuché a su mamá decir que, si yo estorbaba, también podían hacerme quedar como inestable.
La miré con rabia.
—¿Tú sabías que me iban a hacer daño?
Ivonne bajó los ojos.
—Sabía que querían sacarte de la casa. No sabía lo del internamiento ni lo de los testigos falsos. Y no llevo 4 meses con él. Llevo casi un año. Mercadoinmobiliario
Un año.
Mientras Andrés me pedía matrimonio, ya estaba con ella.
—Me dijo que tú eras fría, que no lo querías, que tu familia te había abandonado. Me mintió a mí también.
No la perdoné. Pero entendí algo peor: Andrés no improvisaba. Estudiaba a las mujeres, les decía lo que necesitaban escuchar y luego usaba sus heridas como herramientas.